jueves, 31 de mayo de 2012

Quince apuntes sobre performance en la esquinita de la hoja



1.       Estamos condicionados culturalmente a interpretar. Si algo define al ser humano es esa capacidad. Interpretar el vuelo de los pájaros, la caparazón de una tortuga, las grietas de los troncos de los árboles. Interpretar las nubes, las estrellas, los eclipses. Interpretar el pasado, el presente y el futuro. Interpretar objetos, rostros, imágenes, signos, metáforas, fórmulas, sistemas de creencias, cosmovisiones, teorías cuánticas, universos (im)posibles. Por eso cuando nos enfrentamos a la performance esa capacidad, más bien dicho voluntad queda en suspenso ¿Qué es? ¿Qué viene? ¿Por qué se hizo?

2.       La performance quizá parezca a primera vista una práctica que se revela al estatuto molar del arte pero por el contrario es la que más depende de él. Apela a una autoría con validez artística. De allí su ansiedad omnívora de inscripción, de registro. O su ubicuidad capciosamente esquiva con respecto a la Institución Museográfica, ya sea el propio museo, la galería o el centro cultural.

3.       La performance se desarrolla desde la creatividad, se hace experiencia en el arte y trasciende como objeto cultural. En esa experiencia artística tiene dos agenciamientos basales: expresión y expansión. (Explayarme aquí)

4.       El cuerpo es materia y proceso para el punctum de la performance: la pose. Entonces el valor de la fotografía de dicha performance es atrapar el punctum, o en el mejor de los casos, crear otro.

5.       A mi parecer la performance es temática y de algún modo va a la par con el nacimiento de una identidad. La mayoría de las performances de los 70 son políticas, en los 80 se vuelcan al género, que es otro modo de hacer política. La política excluida de la política. La política desactivada (mujeres y homosexuales) desde el triunfo de la Unidad Popular.

6.       La performance sucede. No se hace suceder ni menos quiere hacer como que se hizo. Digo el espíritu de la performance, una voluntad de caos.

7.       La performance se convierte es hacer un hecho: re-hace

8.       El espectador se hace parte del espectáculo. Se convierte en un ready made humano. El espectador, ese burgués que no tiene nada más interesante que hacer, el que se valida con estar ahí, en ser parte más que de la obra, en el registro de esa obra. Ese pie allá y acá. Uno en la cultura y otro en el arte. Uno en el museo y otro en la decepción. El espectador es el objetivo: su expectativa. Un arte de la decepción.

9.       “Estoy en performance”. No hay sentencia más hermosa. Más hermosa que ‘esto no es una pipa’. Un simulacro verdadero. Estoy siendo otro. Voy y vuelvo. Espera que termine. También tengo hambre. Vamos por ahí. Espera que guarde y limpie todo.

10.   Si hay algo que se afecta en la performance es el propio ejecutor. Después de cada performance el yo es otro. Cada vez se quiere ir más allá. El límite, los límites. El arte se hace irresistible.

11.   Las identidades son homogéneas, las formas-de-vida pueden agenciarse colectivamente, pero los cuerpos son distintos (y distantes). ¿De dónde nace la performance?

12.   La performance es un género cultural, una práctica artística y/o un agenciamiento del cuerpo. ¿o no?

13.   La performance confunde dos expectativas mediante el deseo: la del autor y la del espectador. El espectador se hace espectáculo. Era su deseo oculto.

14.   Lo que se normaliza se invisibiliza. Al escribir no miro el lápiz ni el cuaderno. No soy consciente de su existencia ni de cómo llegaron aquí. Están. La performance visibiliza un contexto invisible. Re-vuelve el locus a su ubicación. Una mosca en la sopa me hace saborear nuevamente la sopa. Es otra. La performance en su devenir devuelve la genealogía del contexto.

15.   La performance esconde su diagrama. Su vergüenza. Ese cuerpo no exhibe sus entrañas. Su espontaneidad es un recurso, simulado, pero recurso. Crea y recrea un clímax que no que no que no llega. El espectador no sabe si aplaudir o qué. No llegó. Aplauso.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Prototipo de Performance (1915)










Entre el 11 de enero y el 18 de febrero de 1915, Filippo T. Marinetti, junto a Bruno Corra y Emilio Settimelli, imagina una nueva expresión dramática que expone detallada y ácidamente en su ‘Manifiesto del Teatro Futurista’. Comienza confrontándolo con el teatro contemporáneo, esto es, Ibsen, Bernard Shaw, Maeterlinck. Luego hace una radiografía crítica desde los griegos para concluir que todo lo que tiene de explicativo, psicológico, meticuloso y analítico es simplemente estúpido.

Siete son las características que Marinetti le da a este nuevo teatro: Sintético, con el fin de “comprimir en pocos minutos, en pocas palabras y en pocos gestos innumerables situaciones, sensibilidades, ideas, sensaciones, hechos, símbolos”[1]. Atécnico, lo cual no sólo anula las exigencias propias de la técnica dramática, sino que las subvierte. Por ejemplo propone “colocar alrededor del personaje que nos interesa muchas personas que no tengan nada que ver: caricaturas, tipos raros y demás pelmazos”[2]. Dinámico, es decir que nazca de la “fulminante intuición de la actualidad sugestiva y reveladora”[3]. Simultáneo, por lo cual puede haber “dos ambientes que se compenetran y muchos tiempos distintos puestos en una acción simultánea”[4]. Autónoma, ya que “no se parecerá más que a sí misma, aunque extraiga de la realidad los elementos para combinar a su capricho”[5]. Alógica, no por eso no mental, ya que desde el propio arte futurista la energía cerebral es la que busca el “valor absoluto de novedad”[6]. Finalmente, irreal, pues “sabrá enardecer a sus espectadores, o sea, hacerles olvidar la monotonía de la vida cotidiana, arrojándolos a través de un laberinto de sensaciones marcadas por la más exasperante originalidad y combinadas de un modo increíble”.[7]

Lo primero que nos damos cuenta es que Marinetti está imaginando algo que en su momento no existe, pero que a nosotros, como lectores posteriores a él en casi un siglo, se nos pareciera estar dando un detallado catálogo de las innovaciones del arte de la performance. Sin embargo, creo estamos ante un prototipo de performance. Proto-typo, primera-impresión. Quizá sea este uno de los nudos de lo que es la vanguardia, ser la que prototipea, la que invierte una (mala) impresión original en una genealogía. Esta es la década de las vanguardias, todas contagiadas, rizomáticas, colectivas, histéricas por la premura del tiempo y la prepotencia de la realidad. En sí, un agotamiento arrebatado del desencanto que toma primero espíritu, mayoritariamente deviniendo-manifiesto y luego encarnando, inscribiéndose de manera nómade y descentrada.

Quise situarme aquí más en la extrañeza que en la concreción real que haya tenido este invento futurista. Extrañeza de un programa artístico tan acotado y preciso en su visión. De hecho el resto del texto lo es mucho más. No quiero problematizar si este es su origen o referencia inédita, ni tampoco extenderme en una genealogía de autores y prácticas tan posiblemente inaugurales. Lo más probable es que de manera paralela, o incluso antes, se hayan hecho visualizaciones de un nuevo arte que no sólo nace del desgaste de la representación teatral, pictórico o musical sino que de la anomia del propio arte como relato molar en la modernidad, más aun confrontando su condición de posibilidad a la crisis de una idea de mundo civilizado.

Para no ser tan injustos sólo propongo observar desde esta puerta lo que está ocurriendo en aquel lugar. Estamos a un año del manifiesto de Marinetti. Una pareja de refugiados ha llegado a Zurich y han inaugurado este espacio. Él es Hugo Ball; ella, Emmy Hennings. El local se llama Cabaret Voltaire. Lo que sigue es historia.






[1] Marinetti, Manifiestos y textos futuristas, Barcelona, Ediciones del Cotal, 1978 . P. 168.
[2] (168-169)
[3] 172
[4] 174
[5] 174
[6] 175
[7] 175

domingo, 27 de mayo de 2012

Un gran error


Un problema. Creo que nos hemos equivocado al menos estos últimos 25 años. Esta idea que acabo de pensar es bastante compleja pues supone que todas nuestras luchas identitarias han sido un gran error o una propia máquina de captura. Comienzo. El Estado no accede a los cuerpos, pues estos no son históricos. Nadie vive pensando en que su cotidianeidad es histórica, siendo que desde un latente futuro probablemente lo sea. Luego, las formas-de-vida sí pueden verse afectadas por el Estado pero no directamente pues siempre hay fugas o agenciamientos que se deslizan o crean regímenes alternos. No obstante, y he aquí el punto, es que el modo en que el Estado (y el Contrato Social) ejercen su poder despótico es administrando las identidades. Foucault al componer su teoría de la hermenéutica del sujeto se equivocó medio a medio creyendo que los procesos de subjetivización se autorrealizan mediante una relación entre el sujeto y la ‘verdad de sí’, que no es otra cosa que la identidad. Lo grave de esto es que Foucault no lee las tecnologías del yo para desmontarlas sino que para reforzar una construcción de identidad, esto es que, en realidad su trabajo es una hermenéutica de la identidad y no del sujeto. Eso explica que su énfasis en los estoicos y sus tecnologías del yo como escribir y luego leer antes de dormir más que modos de auto subjetivización, sean reforzamiento identitario ya que tener una identidad es tener un lenguaje, es decir, que si puedo hablar o escribir de mí mismo genero identidad. Sigo. Las identidades son el subcontrato entre el sujeto y el Estado para poder ‘negociar’ una ciudadanía, un acceso a los bienes de la democracia e incluso a la ley. Basta pensar en la ‘ley gay’ como se ha llamado a la Ley Anti discriminación puesta en tapete público por el caso de Daniel Zamudio. Es impensable e improbable que el Estado administre los cuerpos o las formas-de-vida, no obstante las identidades son el modo en que su agenciamiento punitivo o neoliberal se (le) hace visible. A las personas se les obliga a tener una identidad desde que nacen, basta pensar en la primera elección de ropa: celeste o rosado. A lo largo de la vida siempre se nos está obligando a tener una identidad y, pero aun, a luchar por ella. No hubo necesidad de crear el panóptico: lo creamos nosotros mismos.

sábado, 26 de mayo de 2012

Un Museo de la Memoria


El tema de la Memoria lo he pensado en tres ejes que son los tres ejes en los cuales basé el libro: Cuerpo, Discurso y Territorio. Entonces podemos pensar en la Memoria como Cuerpo, en la Memoria como Discurso y en la Memoria como Territorio. En la primera trabajo con algunos testimonios, en la segunda reviso la 'memoria' como consenso y en la tercera ubico al Museo de la Memoria no sólo como una territorialidad que se funda a sí misma sino como el epítome de su institucionalización. De la misma manera, reviso la Memoria como Cuerpo en la Dictadura, la Memoria como Discurso en la Postdictadura y la Memoria como Territorio en la Hiperdictadura. En efecto, el Museo se funda en 2010 y parte de su Directorio son: Michelle Bachelet, Arturo Fontaine, Fernando Montes, Carlos Peña, Carolina Tohá. La derecha y la izquierda unidas nunca fueron vencidas. 
 

El museo es la clausura del tema. El testimonio que no esté dentro de él queda nuevamente muerto. Debe ser terrible haber sido torturado o tener gente querida asesinada política e ir al Museo y que ni siquiersa sepan de su existencia. Una nueva desaparición política. Se configura como el summum de una historia, se territorializa en un espacio paralelo al Museo del roto chileno, al Museo de Condorito o todo lo que cabe como memoria histórica. 
 
 
 
 
No había reparado pero en su frontis resalta una estrella de David medio camuflada. Entonces pensé en todo lo que ha sido el tema del Museo sobre el Holocausto, es decir, el modo en que se institucionaliza la pérdida. Se convierte en una pérdida infinita, un eterno recuerdo de la víctima haciendo un corte con el presente. El Museo museifica su contenido. Si aparece el testimonio de Bachelet o de su padre entonces el Museo actúa como un testigo de que su hegemonía actual sea 'justa'. Los horrores que vivieron miles de personas durante la Dictadura es un testimonio real y lamentable pero la pregunta de rigor es si todo el arte político, todos los memoriales o museos podrán sanar esas heridas o mantenerlas como una reserva histórica. En la Escuela Militar también existe un Museo de la Memoria, pero de su memoria y actúa de la misma manera. El tema es cómo nos resulta útil mantener la herida abierta. Evidentemente las personas con asesinados políticos o torturados jamás lo olvidarán pero sus vidas continuaron y compran en Almacenes Paris, van a la disco, comen comida chatarra, pelean con los vecinos, es decir, viven su presente. De fondo es la cuestión de como un Estado de acuerdos políticos cierra el tema, lo circunscribe. Antes cualquier película, obra de teatro, exposición sobre el tema de los DDHH podía ser en cualquier parte de Santiago, ahora el lugar 'adecuado' es el Museo de la Memoria.

La Institución Nostálgica (captura clusiva)


La diferencia entre historia y memoria, es que la primera es una máquina de captura desde afuera hacia adentro y la segunda lo es desde dentro para afuera. He llamabo a ambos procesos, que es uno solo, 'captura clusiva'. La Institución Notálgica tiene tres puntos de ataque: Primero, Normaliza: decide qué es normal y qué no, por ende bueno o malo. Segundo, Valida: busca evidencias de esa normalidad o anormalidad en su genealogía. Tercero, Reproduce: socializa su veredicto en múltiples formatos para validar en el presente su decisión. Cuando sigue este mismo orden hablamos de historia, cuando está en sentido inverso hablamos de memoria. 


Por su parte, la 'captura clusiva' puede ser in-clusiva cuando decide normalizar, como puede ser el caso de la obra de Warhol que comienza como una irrupción en el arte avant garde y luego de ser normalizada, validada y reproducida se transforma en el rostro de la publicidad capitalista. También puede ser ex-clusiva, que es cuando suspende su normalización, decide no validar pero sí codifica su interrupción y recorta las posibilidades de su reproducción mediante una especulación de sentido. Tal es el caso del documental sobre Pinochet hecho por sus partidarios. 




En sí, lo que quiero clausurar es la lectura moral de la historia, y de la memoria. Ambas son representaciones de las formas-de-vida, no son la vida. Aun el testimonio y la autobiografía son relatos de ficción. Hacer historia desde la ficción testimonial, que no es verdad o mentira, sino una parte de una verdad y una parte de una mentira es un llamado a reconocer los límites no sólo del género histórico, sino de la propia escritura que se plantea como un (auto)espectáculo de sí mismo.

Mi Réquiem


viernes, 25 de mayo de 2012

Formas-de-vida versus Formas-de-muerte.


Hasta ahora pensamos la Dictadura como el unívoco espacio de represión y tortura. Sin embargo, subrepticiamente se ha dejado debajo de la alfombra un hecho que, hoy en la Hiperdictadura, tiene absoluta y completa vigencia. Si la Unidad Popular de Allende empodera al trabajador, en la Dictadura se crea y empodera a una nacience clase media que genera valor ya no por la producción de su trabajo (conciencia obrera) sino que por el consumo al que puede optar (conciencia neoliberal). De hecho, la Dictadura Militar, la Postdictadura y la Hiperdictadura, es decir, desde Pinochet a Piñera en Chile hemos vivido un proceso histórico sin precedentes y constante hace 40 años: la primera Revolución Neoliberal en Latinoamérica. Lamentablemente la única que ha perdurado con brío, con consenso entre derecha e izquierda, unificándose bajo un concepto utilitario de democracia y teniendo al régimen económico neoliberal como fundamento epistemológico, incluso exacerbado en los gobiernos de los socialistas Lagos y Bachelet. Seguir blanqueando a la Dictadura de su responsabilidad en la producción neoliberal de subjetividades es validar su silencio a lo largo de estas décadas. Basta ver como en la publicidad de los años 80 hay una misma continuidad con la publicidad de hoy. Contrasta su sofisticación pensando en las condiciones de las producciones audiovisuales artísticas de la época, ya sea video-instalaciones, registros audiovisuales, etc como las de C.A.D.A u otras. El discurso de la Memoria de los 90 lo primero que hizo fue olvidarse de las formas-de-vida no capitalistas que fueron desaparecidas y centrarse en las bajas, evidentemente lamentables, siendo que el impacto de esta Revolución Neoliberal siempre se pensó como un proyecto piloto de largo alcance sobre los agenciamientos vitales. Acá va una tanda de comerciales de los años 80 en Chile, sin duda, un registro que sorprende por su nivel de producción, profesionalismo y manipulación en la transformación del sujeto obrero (producción) a sujeto clase media (consumo). Estos comerciales se están pasando en la televisión abierta a escasos ocho años del Golpe Militar: