1.
Estamos condicionados culturalmente a
interpretar. Si algo define al ser humano es esa capacidad. Interpretar el
vuelo de los pájaros, la caparazón de una tortuga, las grietas de los troncos
de los árboles. Interpretar las nubes, las estrellas, los eclipses. Interpretar
el pasado, el presente y el futuro. Interpretar objetos, rostros, imágenes, signos,
metáforas, fórmulas, sistemas de creencias, cosmovisiones, teorías cuánticas,
universos (im)posibles. Por eso cuando nos enfrentamos a la performance esa
capacidad, más bien dicho voluntad queda en suspenso ¿Qué es? ¿Qué viene? ¿Por
qué se hizo?
2.
La performance quizá parezca a primera vista una
práctica que se revela al estatuto molar del arte pero por el contrario es la
que más depende de él. Apela a una autoría con validez artística. De allí su
ansiedad omnívora de inscripción, de registro. O su ubicuidad capciosamente
esquiva con respecto a la Institución Museográfica, ya sea el propio museo, la galería
o el centro cultural.
3.
La performance se desarrolla desde la
creatividad, se hace experiencia en el arte y trasciende como objeto cultural. En
esa experiencia artística tiene dos agenciamientos basales: expresión y
expansión. (Explayarme aquí)
4.
El cuerpo es materia y proceso para el punctum
de la performance: la pose. Entonces el valor de la fotografía de dicha
performance es atrapar el punctum, o en el mejor de los casos, crear otro.
5.
A mi parecer la performance es temática y de
algún modo va a la par con el nacimiento de una identidad. La mayoría de las
performances de los 70 son políticas, en los 80 se vuelcan al género, que es
otro modo de hacer política. La política excluida de la política. La política desactivada
(mujeres y homosexuales) desde el triunfo de la Unidad Popular.
6.
La performance sucede. No se hace suceder ni
menos quiere hacer como que se hizo. Digo el espíritu de la performance, una voluntad
de caos.
7.
La performance se convierte es hacer un hecho:
re-hace
8.
El espectador se hace parte del espectáculo. Se convierte
en un ready made humano. El espectador, ese burgués que no tiene nada más
interesante que hacer, el que se valida con estar ahí, en ser parte más que de
la obra, en el registro de esa obra. Ese pie allá y acá. Uno en la cultura y
otro en el arte. Uno en el museo y otro en la decepción. El espectador es el
objetivo: su expectativa. Un arte de la decepción.
9.
“Estoy en performance”. No hay sentencia más
hermosa. Más hermosa que ‘esto no es una pipa’. Un simulacro verdadero. Estoy
siendo otro. Voy y vuelvo. Espera que termine. También tengo hambre. Vamos por
ahí. Espera que guarde y limpie todo.
10.
Si hay algo que se afecta en la performance es
el propio ejecutor. Después de cada performance el yo es otro. Cada vez se
quiere ir más allá. El límite, los límites. El arte se hace irresistible.
11.
Las identidades son homogéneas, las
formas-de-vida pueden agenciarse colectivamente, pero los cuerpos son distintos
(y distantes). ¿De dónde nace la performance?
12.
La performance es un género cultural, una
práctica artística y/o un agenciamiento del cuerpo. ¿o no?
13.
La performance confunde dos expectativas
mediante el deseo: la del autor y la del espectador. El espectador se hace
espectáculo. Era su deseo oculto.
14.
Lo que se normaliza se invisibiliza. Al escribir
no miro el lápiz ni el cuaderno. No soy consciente de su existencia ni de cómo
llegaron aquí. Están. La performance visibiliza un contexto invisible.
Re-vuelve el locus a su ubicación. Una mosca en la sopa me hace saborear
nuevamente la sopa. Es otra. La performance en su devenir devuelve la
genealogía del contexto.
15.
La performance esconde su diagrama. Su vergüenza.
Ese cuerpo no exhibe sus entrañas. Su espontaneidad es un recurso, simulado,
pero recurso. Crea y recrea un clímax que no que no que no llega. El espectador
no sabe si aplaudir o qué. No llegó. Aplauso.






